Al preguntarle a Llop si se consideraba un autor mallorquín, responde que es «un escritor mallorquín que a su vez es un escritor europeo que tuvo la suerte de nacer y crecer en una isla que supo combinar la tradición con el cosmopolitismo». Justamente de esto trata
Gomila 70’s, de una isla que supo prosperar sin dejar las costumbres de lado. Y es un gran mérito que Llop haga poesía con la historia de una plaza. Al fin y al cabo, de algún modo,
su plaza, la de su memoria y de su tiempo.
Un tiempo que no conocemos, pero a través de libros como el suyo, podemos revivir. Y a través de proyectos como el de Camper, reconstruir de alguna manera de nuevo. Aunque nunca volverá a existir aquel mundo de Bert y Maruja, los de El Chotis de nuevo, ni volverán aquellos años de aquella educación sentimental. Quizás nos toque construir la nuestra. O aprender de aquellos que la vivieron de cerca.
El vientre de Gomila
¿Quién es responsable de que esta zona, donde reinó Ava Gardner, se haya convertido en un sumidero?
Gertrude Stein tuvo la culpa. Cuando le escribió a Robert Graves que el paraíso existía y, sobre todo, era barato, Mallorca dejó de ser el no lugar. El Terreno fue su posada. Hicieron casa Graves y todos los demás, Anthony y Elaine Kerrigan y Mario Benedetti mucho después. De aquello, sólo queda el rótulo que porta el nombre de quien entendió a las mujeres a partir de una dama llamada Diosa Blanca. Todo cuerpo tiene su bajo vientre. Como lo tienen calles plazas y barrios. Donde vivimos. El del Terreno es la plaza Gomila, epicentro de una Palma cosmopolita, alejada del rancio casco histórico, abierta a una canalla muy selecta. Quizá algún día un Bartleby cualquiera le da pasaporte literario a lo que hoy es un paseo por el abandono.
Gomila fue la catenaria de El Terreno, con luceros que hoy no existen o están tapiados. El edificio que albergó el mejor bar de cócteles de la ciudad, el Joe´s, está chapado. Sus desconchones de óxido no son lágrimas. No nos pongamos estupendos. Son arañazos. ¿De qué? ¿Quién es el responsable del abandono que sacude una zona que fue en su día tarjeta turística de la mejor época de la ciudad? En ella tomaron dry martinis Ava Gardner, Errol Flynn, quien también acudió a El Patio, uno de los mejores restaurantes de Palma, cuyos fogones eran dominio del gran cocinero Pomar, y donde el joven barman Manuel Rojas, que después sería reclamado por el hotel Maricel y el Bendinat, servía copas. ¿Qué ha ocurrido? Hay quien barrunta, entre el vecindario que hace foco de resistencia, que los intereses creados por los restauradores del Passeig Marítim se ha llevado el gato al agua. ¡Quién sabe! Lo cierto es que la plaza Gomila fue el lugar sentimental de muchos de nosotros, de nuestros padres que iban a la terraza del Bellver para tomar un helado. Jaime Gil de Biedma también estuvo en el Joe´s, al igual que el periodista y profesor de Derecho Andrés Ferret, o Guillem Soler, un excelente poeta que dejó en tinta de silencio su agilidad para los versos.
Ya no existe tampoco el bar Loa, donde se reunían el pintor Juan Segura y sus amigos los Pou, los Oria, los Merino, por cierto, éstos hoy alucinados porque a la llamada Casa de los Siete Pisos, uno de los primeros rascacielos de la ciudad, y edificio supuestamente protegido, le ha crecido un sombrero de hormigón.
El paseo arqueológico por Gomila es del todo aleccionador. Se mantiene en pie una pionera discoteca, Toltek que después sería el Zhivago. Es una casa típica de El Terreno, donde sólo el buen gusto, el de la medida y proporción, la salvaguardaron de despropósitos de algunos edificios ostentosos que recientemente han tomado la zona. Juan Segura recuerda los veranos de niño, cuando sus padres, como otras familias de Palma, se iban a veranear al Terreno, donde se bañaban en Can Barbarà. Originariamente eran casas con corral, es decir, un pequeño jardín trasero con palmeras y limoneros. La suya la mandó construir el bisabuelo materno en 1900. Eran tres casas escalonadas que daban al mar y lindaban con la callejuela Banys, que aún existe y mantiene su zócalo original. Siguen en pie, adquiridas por el hotelero Escarrer. Como Gomila, abandonadas a su suerte.
El Nitos, un oásis. Se llama Juan Jiménez, pero nadie le conoce por su nombre. Todos le llaman Nitos. Su puesto de ´pollos para llevar´ no sólo te alimenta, sino que es una crónica de aquella Gomila que enseñó a amar, a perderse y a bailar con el rímel corrido a toda una generación. Abrió Nitos su puesto un poco antes que la discoteca Barbarela escandalizara a las gentes de bien y encantara a los jovenzuelos setenteros que iban a ligar princesas o a toparse con Bonnie Tyler. "Venía a comer. Decía que mis pollos eran los mejores del mundo", cuenta Nitos. Eric Burdon,etc también se comieron el pollo. José Feliciano prefería "dos cafés con leche, antes y después de cada actuación"
La barriada de El Terreno, y más
concretamente la zona de Gomila, vivió una época dorada de la movida palmesana, con locales nocturnos y gran afluencia de gente, pero
en las dos últimas décadas sufre un vertiginoso declive y abandono como zona de ocio, con locales cerrados y puestos a la venta. La a
dquisición de estas propiedades por grupos de inversores hace prever que en un futuro no muy lejano la zona se recuperará.
Gomila es el corazón de “El Terreno”, un barrio histórico de Palma, referente artístico y cultural de la ciudad en buena parte del siglo XX
El renacimiento de El Terreno y Gomila, así recuperará su esplendor la pintoresca zona de Palma que fascinó a artistas e intelectuales.
“Fuimos a Palma pensando que sólo pasaríamos unas semanas, y nos pasamos todo el invierno. La vida en la isla era agradable y por eso, en vez de viajar por otros lugares, aquel verano decidimos quedarnos. Encontramos una casa con la ayuda del cartero y nos instalamos en la calle del Dos de Mayo. Los paisajes sugieren obras teatrales y, ciertamente, El Terreno es uno de ellos”. Así relataba la mecenas americana Gertrude Stein en ‘Autobiografía de Alice B. Toklas’, su pareja y escritora de Geography & Plays, la razón por la que la isla les había robado el corazón.
Eso sí, no han sido las únicas. Este
barrio de Palma ubicado a los márgenes del centro de la isla ha sido durante décadas el refugio de reconocidas personas del mundo de la literatura, la pintura, la empresa o el cine atraídos por un ambiente cosmopolita, divertido e, incluso, a veces
un poco canalla.
Y es que en este pintoresco barrio de El Terreno, a los pies del bosque Bellver, vivieron –y convivieron– nombres tan ilustres como el pintor Santiago Rusiñol, los escritores Camilo José Cela o Rubén Darío, el magnate Aristóteles Onassis, Erwin Hubert o Jimi Hendrix, entre otros muchos.
El Terreno siempre ha estado vivo y en constante evolución ya desde sus orígenes, sobre todo porque aquellos que han ido llegando a Mallorca siempre han optado por quedarse, ya sea por su calma, sus paisajes o sus personas porque, sin duda, los barrios los hacen las personas que en ellos habitan. Personas que ríen, que viven, que salen y bailan en los pubs de moda, que disfrutan y que, además, por un momento están entregadas a un placentero hedonismo, aunque sea un momento frugal.
Con la entrada del siglo XX, el barrio comenzó a tener muchísimo tirón entre los visitantes de Palma más selectos y se empezaron a abrir hoteles exclusivos para alojarlos. Destaca, por ejemplo, el mítico Hotel Victoria o el Hotel Mediterráneo, alojamientos predilectos de los visitantes más internacionales y las parejas más sonadas como la formada por Aristóteles Onassis y María Callas que imprimieron a El Terreno una atmósfera de diversión, libertad, glamour y exotismo.
Durante las décadas de los 50 y 60 estalló en Europa un nuevo escenario donde el disfrute desenfadado se apoderó de la sociedad del Viejo Continente. Y así es también como El Terreno se convirtió en un lugar de culto para los amantes de la música más vanguardista(por que nadie sabe esto de Mallorca?) y las salas de fiesta gracias a la proliferación de bares de gran fama entre los modernos más exigentes.
Nacieron entonces
El Patio, el Bar Bellver, el Chotis, Joe’s, Barbarela, Tito’s, el bar Mónaco o la Sgt. Peppers, la discoteca donde tocó
Jimi Hendrix sin cobrar ni un dólar en julio de 1968 después de que la discográfica londinense
Music Festival Production anulara el festival
Música 68 donde el guitarrista era una de las estrellas del cartel. En ese momento, los mallorquines y los visitantes no fueron conscientes de que se encontraban ante una de las últimas actuaciones de un mito de la música que murió sólo dos años más tarde de aquel verano con apenas 27 años.
Esta es la magia de este barrio lleno de intelectuales, artistas y personajes que dejan una impronta inolvidable que aún se respira en El Terreno, más aún cuando se va a dar un nuevo impulso a esta zona gracias al
Proyecto Gomila. Una transformación ambiciosa llevada a cabo por
MRVDV (Países Bajos) y GRAS (Mallorca), dos estudios de arquitectura internacional conocidos, sobre todo, por su experiencia en
la creación de espacios urbanos que generan felicidad.