El hecho de que los seres humanos hayamos vivido siempre bajo la amenaza de esa suerte de "espada de Damocles" que constituye el temor a la destrucción de nuestro mundo, tiene muchísimo que ver con la circunstancia de que nuestros ancestros conocieran, en un tiempo remoto, el aniquilamiento de su mundo respectivo, viéndose exterminados muchos de ellos y forzados los supervivientes a establecerse en otros "mundos'" vecinos que les eran totalmente extraños. En otros "mundos"... o en otros "montes", desde el momento en que uno y otro término fueron, en su origen, absolutamente afines.
El mundo primigenio, el Paraíso, feneció, y la memoria de aquella catástrofe, debió quedar plasmada en un "libro" cuya confección parece haberse realizado en el ámbito de ese mismo mundo supuestamente perdido. Los primeros "ejemplares" de aquel texto, debieron imprimirse sobre piedras, supuesto que para entonces, no se hubiera generalizado ya entre nuestros antepasados, la costumbre de utilizar las Cortezas de los árboles -precedentes de los papiros para estos menesteres "literarios".
Sin embargo, y como ha sucedido con la Biblia y con casi todos los textos históricos de verdadera importancia, aquel libro eximio sobre la destrucción del Paraíso o de la Atlántida, ha debido ser objeto de multitud de copias escritas por "cronistas" posteriores, que fueron adaptando su contenido a la idiosincrasia y a la mentalidad de las épocas en las que tales transcripciones fueron gestándose.
La prueba de que las cosas no han debido suceder de forma muy distinta a como venimos suponiendo, la tenemos en el hecho de que el libro del Apocalipsis haya tenido escasísimo arraigo entre los pueblos de Oriente, varios de los cuales han cuestionado, reiteradamente, su autenticidad misma. No ha sucedido así, por el contrario, en Occidente, en donde este venerable y remotísimo texto ha gozado de un predicamento que supera con creces al que hayan podido merecer la propia Biblia y los Evangelios
Parece, pues, fuera de toda duda, que el Apocalipsis ha sido un libro español por antonomasia. O quizá deberíamos decir mejor, que ha sido el libro español por antonomasia. ¿Habría tenido tal arraigo entre nosotros, de no ser porque, efectivamente, recogía noticias y testimonios estrechamente vinculados a nuestro pasado?
No es casualidad que sea precisamente en España en donde se conservan los más importantes y valiosos manuscritos del Apocalipsis que existen en el mundo, como no es casualidad que sea igualmente el norte de España, la única zona del planeta en la que el recuerdo del fin del mundo primigenio, de la destrucción de la Atlántida, ha dejado una huella iconográfica imborrable.
Siendo como fue el denominado "Diluvio Universal", el responsable de la destrucción del Paraíso y de la Atlántida, ¿no resulta significativo que un arca de Noé aparezca, bellísimamente reproducida, entre las ilustraciones de los Beatos españoles? Si nos atenemos a la interpretación tradicional del libro del Apocalipsis, ¿qué tiene que ver el fin de nuestro planeta, de nuestro mundo, con unos sucesos como los del Diluvio que pertenecen a los más remotos estadios de la Humanidad?
El mundo primigenio, el Paraíso, feneció, y la memoria de aquella catástrofe, debió quedar plasmada en un "libro" cuya confección parece haberse realizado en el ámbito de ese mismo mundo supuestamente perdido. Los primeros "ejemplares" de aquel texto, debieron imprimirse sobre piedras, supuesto que para entonces, no se hubiera generalizado ya entre nuestros antepasados, la costumbre de utilizar las Cortezas de los árboles -precedentes de los papiros para estos menesteres "literarios".
Sin embargo, y como ha sucedido con la Biblia y con casi todos los textos históricos de verdadera importancia, aquel libro eximio sobre la destrucción del Paraíso o de la Atlántida, ha debido ser objeto de multitud de copias escritas por "cronistas" posteriores, que fueron adaptando su contenido a la idiosincrasia y a la mentalidad de las épocas en las que tales transcripciones fueron gestándose.
La prueba de que las cosas no han debido suceder de forma muy distinta a como venimos suponiendo, la tenemos en el hecho de que el libro del Apocalipsis haya tenido escasísimo arraigo entre los pueblos de Oriente, varios de los cuales han cuestionado, reiteradamente, su autenticidad misma. No ha sucedido así, por el contrario, en Occidente, en donde este venerable y remotísimo texto ha gozado de un predicamento que supera con creces al que hayan podido merecer la propia Biblia y los Evangelios
Parece, pues, fuera de toda duda, que el Apocalipsis ha sido un libro español por antonomasia. O quizá deberíamos decir mejor, que ha sido el libro español por antonomasia. ¿Habría tenido tal arraigo entre nosotros, de no ser porque, efectivamente, recogía noticias y testimonios estrechamente vinculados a nuestro pasado?
No es casualidad que sea precisamente en España en donde se conservan los más importantes y valiosos manuscritos del Apocalipsis que existen en el mundo, como no es casualidad que sea igualmente el norte de España, la única zona del planeta en la que el recuerdo del fin del mundo primigenio, de la destrucción de la Atlántida, ha dejado una huella iconográfica imborrable.
Siendo como fue el denominado "Diluvio Universal", el responsable de la destrucción del Paraíso y de la Atlántida, ¿no resulta significativo que un arca de Noé aparezca, bellísimamente reproducida, entre las ilustraciones de los Beatos españoles? Si nos atenemos a la interpretación tradicional del libro del Apocalipsis, ¿qué tiene que ver el fin de nuestro planeta, de nuestro mundo, con unos sucesos como los del Diluvio que pertenecen a los más remotos estadios de la Humanidad?
![HOpc36JWUAAp37a[1].jpg HOpc36JWUAAp37a[1].jpg](https://www.anthroworldforum.com/data/attachments/22/22677-493d3908898c8c56a3074b75b65bb680.jpg)